Trenzado en hoja de choclo

En la zona central de Chile, el cultivo del maíz se viene realizando desde tiempos coloniales, por lo que la hoja de choclo ha sido un recurso disponible en abundancia en los campos, por lo que se le ha dado diversos usos, como yesca para encender fuego, para amarrar las parras y otros cultivos, para rellenar colchones llamados “payasas”, para envolver tabaco, por supuesto para preparar humitas, y también como materia prima para la confección de artesanías.

Como toda artesanía el trabajo en hoja de choclo tiene una serie de pasos y procedimientos surgidos del continuo ensayo y error que constituye un saber de los artesanos que ha sido transmitido oralmente por generaciones.

Así, el trabajo de los artesanos comienza con la recolección de las hojas, las que no se pueden obtener de choclos cosechados tiernos o maduros, sino que deben recolectarse directamente de la mata cuando estas ya se han secado en tierra, pero teniendo la precaución que la colecta de hojas se realice antes de la primera lluvia de la temporada, ya que el agua daña las hojas descomponiéndolas o con la aparición de hongos. Por otra parte no todas las variedades de especies son las más indicadas para la artesanía, siendo el choclo de guarda el que da mejores resultados por el tamaño de las hojas, su resistencia y durabilidad en el tiempo.

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Una vez que el artesano o artesana cuenta con una buena cantidad de hojas secas, estas deben limpiarse cuidadosamente y con destreza, para retirar la capa de polvo sin quebrar la hoja que cuando está totalmente seca es muy frágil. Seguidamente las hojas se humedecen para devolverles un poco de flexibilidad que permita comenzar a separarlas hojas en tiras y realizar el trenzado o confección de figuras, aunque en voz de la Sra. Dorila Román, no es necesario humedecer las hojas, probablemente la destreza de la experiencia permiten a las artesanas saltarse este paso.

La trenza de tiras de hoja de choclo es la forma más tradicional de la artesanía con este material y la que ha tenido mayor difusión a lo largo del tiempo, ya que a partir de las largas trenzas es posible confeccionar diversidad de piezas utilitarias como chupallas, cestos y carteras. Sandra Arriaza cuenta que para hacer una chupalla se necesitan aproximadamente 25 m. de trenza.

Las piezas confeccionadas con trenzas de hoja de choclo son distintivas y difieren notoriamente de otras fibras usadas en la zona central que también se trenzan, como la paja de trigo o la totora. La trenza de choclo por lo general es mucho más ancha y más suelta que la paja de trigo, material por excelencia para la confección de chupallas. Por esto los sombreros de hoja de choclo en general tienen formas más redondeadas y son menos rígidos que los de paja de trigo.

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La hoja de choclo no sólo se queda en los objetos utilitarios ya nombrados, también hay una tradición en la creación de figuras, principalmente la confección de pequeñas muñecas, las que se usan como juguetes para niños, así como también imágenes de ángeles para pesebres.

Pero es en los últimos años en que surgen las coloridas flores en hoja de choclo como una innovación de las artesanas, creación que se ha posicionado y hoy ya es un verdadero ícono de la comuna de Pichidegua, en la región de O´Higgins.

Las flores esencialmente son hojas de choclo modeladas, las que previamente son teñidas con anilinas, de manera que logran una hermosa combinación entre colorido y volumen, con las que se reproducen distintos tipos de flores como girasoles, tulipanes, crisantemos rosas y otras de fantasía. Las flores y las hojas en hoja de choclo son adheridas con cinta de papel a una rama o alambre a modo de tallo, de manera que se pueden crear hermosos ramos de flores de múltiples combinaciones de tamaños, colores y tipos de flores.

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Esta artesanía es una expresión cultural propia de la zona central, aunque con poca difusión. Actualmente su mayor producción se encuentra en las comunas de Pichidegua y San Vicente de Tagua Tagua, en la región de O´Higgins.

Esta artesanía tuvo muy baja difusión hacia fines del siglo XX,  y se reconoce en la Sra. Dorila Román Becerra, artesana que en la década de los 90 comenzó a realizar talleres de artesanía en Pichidegua, logrando transmitir el oficio a nuevas generaciones que actualmente ha logrado una importante valoración local.

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